All hail His Majesty.



Visión y voz propias
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Por: Ribay Hernández
Gélido astro que con odio desdeñas mi cuerpo,
con tu mirada atormentas el lánguido correr del reloj,
aquella vigilia maldita que tanto se ha extendido,
torturada por tu fatuo fuego y el ardor del deseo.
Fausta Alhambra de mis anhelos,
a tus portales he de esperar el florecer de tus cipreses,
promesa que entre humo y niebla parece perderse,
y de velo gris castiga cual Tántalo mi desmedido afán.
Y a la sombra de los valles, la promesa cumplida,
velada de blanca enseña, obsesión pura, imperturbada,
de negro coronada con su manto de fría noche,
crepuscular augurio de la cruzada del moribundo sol.
Rauda luz que de los rincones escapas,
como el agua entre mis dedos sedientos,
fugitivo resplandor, me dejas a merced del miedo,
presa inerme de la obsesión irracional.
Cual espíritu nocturno contemplo el silencio,
frágil velo de cristal, oscila, se contrae, se expande,
ante mis ojos se rompe en mil pedazos,
voces invaden el aire de inminente tormenta.
Perfume de carmesí dulzor
que con tu frágil rocío descarnas mi silueta,
y envenenado despunta las espinas de la rosa,
amargo néctar vertido cual licor a vuestro cáliz.
Como guirnalda de laureles corona el sol los firmamentos,
fulgor áureo acaricia los desiertos,
glaciales tempestades les obligan con alelíes a florecer,
acariciados por los vientos que su cantar acarrean.
Piel de bronce se enaltece caprichosa
en medio de la tétrica penumbra enmudecida,
profanada por la carne corrupta, ponzoñosa,
brisa del piélago contempla el idilio con licencioso aullar.
Apacible mar de ilusiones, al cenit del eclipse despertó,
hórrido y furibundo huracán hace de la tierra su altar,
hechizado de sangre y tormenta,
de áureas argollas trenzado a aquella de Eros picota.
Y de lágrimas se empaña el furor de la vorágine,
al emerger del negro firmamento el sol triunfante,
al marchitarse el idilio de orquídeo lecho
de febea luz se corona el blasón celeste.
Y aunque perdido su vigor, de sus ornamentos se prende
aquel espectro luciferino, sirviente de la ilusión,
licor preciado de los hombres,
aquilón que en sus entrañas sopló,
Y de aquel podrido corazón despertó el atronar.

Por: Ribay Hernández
Una interminable puesta de sol anuncia su nombre,
un sol que por siempre se arrastra por la inmundicia,
buscando refugio de su existencia por siempre condenada,
buscando el crepúsculo que nunca llega.
Una frágil brisa de su fragancia anuncia la voz,
el fiero trueno que estremece estas planicies cenizas,
colma de vida el corazón podrido,
glorioso temblor de deseo y miedo.
Pues el licor ha sido vertido sobre el loto,
y su dulce néctar, convertido en amarga verdad,
me empuja nuevamente al precipicio, a este anochecer,
aquel que con desespero busca el sol.
El dije al final de la cadena oscila como el péndulo del tiempo,
mientras sus eslabones, forjados de hielo y fuego,
luchan por mantenernos juntos, esclavizados,
a una prisión que tu noche volvió eterna.
Con fiereza sus ojos me abrasan mientras se entona el himno,
su rostro y sus cánticos me han embrujado,
me condenan a sentir la eterna desesperación del sol,
ni anochecer, ni amanecer se enaltecen en ese cielo.
Nos aferraremos a nuestras propias pieles si caemos en el abismo,
bajo las orquídeas que florecen en sus profundidades,
para ver el crepúsculo dividir nuestros firmamentos,
o ver al sol alcanzar su luna.

Por: Ribay Hernández
La niebla ha velado el mar,
ese que alguna vez reflejó el cielo,
ese que alguna vez reflejó sus ojos salvajes,
ese que brilló con el resplandor del amanecer.
La cintura del reloj, atascada con su arena,
ha convertido estas horas en años,
eones he estado convicto a este dolor silente,
encadenado al atronar de tus palabras.
Sólo un charco pestilente ha quedado
del otrora majestuoso mar;
y aun así, su diosa espera en la caja de cristal,
enredada con la luz de soles distantes.
Espectros de otros firmamentos, antes del eterno anochecer,
cuando las estrellas no habitaron los cielos,
cuando la noche no sangraba su piel hinchada,
antes del azotar del mangual.
Esos ojos de brillante día se han ido;
sólo ácido fue llorado de estos ojos adormilados.
El dado rodó y cayó en sus seis caras,
los astros han mirado de nuevo mi cuerpo descarnado.
Entre humo y tormenta, su voz se hizo eco,
mi amado zafiro una vez más ilumina los firmamentos,
los hace estremecer con su voz de trueno,
y con ellos esta piel rebosante de anhelo.
La caja de cristal se rompió en mil pedazos,
y con ella el alma encuentra las heridas de su partir,
heridas vetustas que nunca sanaron,
memorias malditas que nunca se fueron.
Miedo llena de nuevo el seco océano,
mientras su céfiro inmisericorde colma las heridas de sal,
la memoria con su fría daga apuñala
y retuerce su filo en las vísceras de la nostalgia.
Las orquídeas florecen y exaltan la belleza
de este pacífico silencio,
pero mañana se secarán y morirán,
vida exigua estremece la tristeza en mí.
Si los tiempos son misericordiosos,
su belleza nacerá una vez más.
Si el huracán es compasivo con esta orquídea, mi zafiro,
me aferraré a aquel día que floreció.
Aun cuando las estrellas en el firmamento sean
la amarga memoria del tiempo que mi jardín secó,
aun así, mientras el día se desvanece,
ruego por el nacimiento de su siguiente flor.

Por: Ribay Hernández
Recuerdo el espejismo de sus ojos,
aquel grabado en el reflejo del espejo
oculto en el cielo nocturno,
por siempre presente en mis sueños.
Recuerdo el resplandor de Mamud encarnada,
sueño etéreo de divino fulgor.
La tumba llama, y de la luz me he alejado,
mientras sigo cayendo al tenebroso abismo.
Por siglos soñé, refugiado del todo,
mi alma tembló con el despuntar del alba,
y como gotas de rocío bajo las caricias del sol,
el despertar esfumó los sueños.
Votos se hicieron en el altar de la añoranza,
mientras el dolor me condenó a estos campos de vidrio roto,
y el letargo sentenció mi piel a abrirse y sangrar
bajo el látigo de esta enfermedad triunfante.
Pero en su templo sagrado, Mamud se mantiene entronada,
día y noche esperaré durmiendo, aguardando el sueño.
De soledad se veló el rostro abnegado
por la voz tormentosa que se ha robado el viento.
Ensangrentado, en las cenizas de esta pasión quemada,
sólo me queda soñar con aquello tras la ventana,
esa que separó nuestros destinos.

Por: Ribay Hernández.
En cálida luz de sol y hierba alta,
sobre la colina y entre árboles silentes
yacimos abrazados, dormimos, soñamos.
Palabras de amor fluyeron de tus labios,
y de los míos nació también la emoción.
De estos ríos de lágrimas la delta estaba marcada,
y aunque la historia no separa dos almas,
sí la luna del furibundo Marte.
Te recuerdo con calidez apesadumbrada,
con ternura que ahora deseo arrancar de un tajo.
Pues al final, las lágrimas fluyen ensangrentadas,
y la noche tétrica ninguno cruzó triunfante.
Y ahora en mi oscuridad eterna,
en este aislamiento espeluznante,
miro atrás el pasado que compartimos,
tu ausencia es el azote de mi castigo.
En mis brazos queda el escozor de tu silueta,
y en mis oídos el trueno silencioso de tu voz;
vuelvo a la colina, deseando la luz del sol,
y aquellas palabras que ambos repetimos.
So, I’ve got a whole book of poetry finished, as I find a publisher for it I was thinking I could upload the poems here, with my 35mm photos, as I’ve been doing lately.

Finally here, the Sixth Volume of Evil, a really intimate album about my most recent and painful loss.
However, this album has become a burden on itself, I am tired of it, both from a musical standpoint and a personal perspective, I need to move on, so I kept it brief, besides, I want to resume work on «黑度», that is my priority, and is a more innovative album for me, this was only a way to cope with the pain I’m feeling, but with it, I hope to close the cycle to continue with my inner work, and on the journey of self-developement, away from the slavery I so deeply feel.
VI by IMPERATOR
A 35mm photo for the accolade
So, I recently entered an International Poetry Contest, the 2nd edition of the «Natalio Valbuena Parra» international Poetry Contest, held by the National and International Poetry Academy, Site Tlapa.
Long story short, I won one of the five honourable mentions of the contest, with an edited version of the lyrics of «Waste», from my album «Threnody of Wind»
Threnody of Wind by IMPERATORHere is the poem:
Fútil es mi deseo, mi penitencia;
mis pasos se acortan, mi ser se asfixia,
las arenas han cesado su caminar, me observan
desde aquel lago de fuego y cristal.
Aquellos círculos de sombras
de la orquídea de fuego y sangre
los he andado con gélido temple,
y todos los senderos a ella llevan.
“Ex nihilo nihil fit”, claman los vacuos cielos;
no hay ímpetu que sobreviva al tiempo,
no hay emoción que contra este resista;
desmembrada yace la obra en el camposanto.
Divino calor que de mis manos escapas,
exhalación de fuego que se extingue,
luz podrida que en las tinieblas muere
y del alma renace para volver a morir.
De esperma he pintado mi gran obra,
so castigo de Dios ha muerto el legado,
condenado a la tierra y la miseria,
de este campo no nacerán crisantemos.
Y si mi carga he llevado a la cima
fue para llenar mi corazón,
bien sé que volverá al fondo,
y a levantarla de nuevo estoy condenado.
Pero yo sé bien de dónde nace la tristeza,
y sé bien que su sombra es ineludible;
pero el momento nunca llega, como llegó el fin,
pues la roca siempre vuelve a su lugar.
Stay in touch, there is more poetry to be published in other media and more contests.
And more coming from Imperator…