«Rastros de sangre»

La ocasión de flaqueza, contrario a la catarsis, no oxigena el alma para dotarle de nueva identidad y energía para hacer afrenta a las tribulaciones de la vida, por el contrario, tiende a dejar una marca en el registro que el tiempo deja sobre nosotros.

Si las manos no son cuidadosas, si las manos no son diestras, o precavidas, son capaces de arrastrar aquellas gotas de tinta (o de sangre) hasta los confines del tiempo y el espacio, quedando la sombra extendida a lo largo de las largas estelas que la luz va dejando en las pupilas que se abren al futuro.

¿Y qué hacer cuando aquel rastro se extiende más allá de la vida que le diera origen?

La vista nublada por ancestrales rastos de sangre capta imágenes tétricas, infectas de una sombra que no es propia, mientras que la belleza se captura difusa, con un lúgubre dejo de tristeza que transporta la oscuridad heredada.

Así es como esta serie observa el mundo alrededor del día de muertos, a través de una Zetit DF-2ETM y un par de Shanghai GP3 Pan100 con un remjet aparentemente defectuoso (o degradado por el calor).

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